31/3/17

Crossover I: Donde se cuenta cómo llegaron dos extrañas doncellas al castillo de Miraflores y de lo que aconteció en el camino



¡Buenas salenas, mis estimadísimos cronopios! Estoy de vuelta por fin, y vengo con todo. Volví a anotarme en la iniciativa Blogs Colaboradores; esta vez, la consigna es tomar un personaje de la literatura e insertarlo en el mundo de otra novela. Yo, por necesidad, tomé dos (Crepúsculo sigue dándome tela para cortar jajajaj) y no pude resistirme a darle el toque Denise XD 


Ahora oiredes una estoria que cuenta el sabio en los antiguos libros de los griegos, e que vuestra humilde narradora ha trasladado a esta, nuestra lengua castellana, para solaz e placer de quien quisiere oír e leer.

Érase una vez, en tierras de Gran Bretaña, un camino muy transitado por caballeros e doncellas e dueñas e mensajeros, que conducía al palacio de los reyes. En un recodo dese camino, dice el antiguo sabio, acaecieron dos extrañas doncellas vestidas con ropas nunca vistas y que fablaban un lenguaje nunca oído.

—Oh, no… −dixo una.

—¿Dónde estoy? −dixo la otra.

Las extrañas doncellas miraron alrededor, pero no fallaron a nadie. La primera que había fablado, más alta, e de cabellos rubios e que parecía de más autoridad, sacó un pequeño códice de entre sus vestiduras e leyó las notas que allí tenía.

—La potencia estaba bien, no hay duda; tal vez haya sido un problema en la conexión de…

Abrió los ojos, dióse una palmada en la frente e escrebió, con gesto sañudo, unas palabras:

—Malditos ingenieros −fablaba para sí−, ¡si me hubieran escuchado! ¡Ya van a ver cuando vuelva!

La otra doncella, más baja, e de cabello luengo e castaño, ignoraba las palabras de su compañera e daba vueltas por el lugar, mas sin alejarse demasiado della.

—¿Qué es este lugar? ¿Cómo llegué aquí? ¿Quién eres tú?

Mas aquella no la oía; hacía cuentas e seguía fablando por lo baxo. Ninguna oyó venir a un caballero ricamente ataviado, el cual andaba a la caza de alguna aventura con la que pudiera ganar más honra para él e para su señora. 

El caballero vio a las dos doncellas e pensó que podrían estar desamparadas e necesitar de su ayuda; vio las extrañas ropas que traían e supo que había encontrado lo que buscaba.

—¡Mira! −dixo la doncella más pequeña−. ¡Ahí viene alguien!

—Cállate −dixo la mayor−, no me desconcentres.

La pequeña se cubrió los ojos con la mano, a modo de visera, e fabló de nuevo:

—¿¡Un caballero medieval!?

—¡Que te calles, dije!

Volvió, sin embargo, los ojos a do miraba su compañera. 

—Mierda.

El caballero llegó hacia ellas, fizo detener el su caballo e, mirándolas de arriba abajo, preguntó:

—¿Quiénes sodes, doncellas, e qué cosa venís a fazer a esta mi tierra?

—Mi nombre es Bella Swan, señor… −dixo, temerosa, la pequeña−, y ella es… es…

Diole un codazo a su compañera, la que fingió non se dar cuenta; mas, como Bella insistiera, fizo un ademán de fastidio e respondió:

—Susan Calvin. Doctora Susan Calvin.

—Estraños nomes habedes, Bella Swan e Doctora Susan Calvin. Yo soy Amadís de Gaula, fijo de Perión de Gaula, rey de la Gran Bretaña −dixo el caballero, e quitóse el yelmo para poder fablar más a gusto−. ¿De dónde venís e cómo habedes llegado fasta aquí sin carruajes ni palafrenes?
Bella Swan abrió mucho los ojos, como maravillada, ca el rey era de muy buen ver e apuesto mozo. Diole de vuelta un codazo a la Doctora Susan Calvin.

—¿Qué?

—¡Mira!

—¿¿Qué??

—¡Qué atractivo es! Parece un dios griego.

Amadís non comprendía lo que pasaba. Pensaba en su señora, que esperaba por él en Miraflores, e se propuso amparar las doncellas e ayudarlas para mayor honra suya e de aquella.

—¿E bien?

Doctora Susan Calvin fabló rápidamente, ca cuenta se daba de que no habría manera de desembarazarse de él. Fabló dubdando, como pensando bien las palabras antes de dezirlas:

—Venimos del Occidente, de una tierra muy, muy lejana. Nos robaron el carruaje y mataron a nuestros acompañantes, y no sabemos cómo volver.

—¡Cuitadas sodes! Aqueste agravio no quedará sin castigo. Mas antes, vendredes conmigo a mi palacio, e yo vos defenderé en el camino. Fablaredes con la mi señora, que es de muy buen seso e conocedora de las cosas del reino. Ella vos podrá ayudar sobre la mejor manera de volver a vuestras tierras. Subid al caballo.

Bella Swan accedió de muy buen grado; sentóse detrás de Amadís e abrazólo con fuerza. Mas cuando aquel extendió la mano a Doctora Susan Calvin, aquesta declinó con un movimiento de cabeza e dixo que prefería caminar.

—Como querades, señora; estoy aquí para fazer vuestra voluntad.

¡Guarda, que vengo!
Ansí partieron. Habían andado más de la mitad del camino, cuando fallaron dos caballeros que venían fasta ellos. Amadís bajó la visera del yelmo e aferró la lanza, ca evidente era que aquellos no habían un buen propósito.

—¡Eh, caballero! −dixo el que iba adelante−. ¿Qué locura es esa, que llevades una doncella andando mientras vos e la otra vais en el caballo?

—Locuras decides vos −respondió Amadís−, que fablades sin seso nin mesura. Un caballo non es suficiente para llevar a tres personas, aunque dos sean doncellas.

—Entonces dádnoslas como amigas−dixo el segundo−, que con seguridad fallaredes más donde fallasteis aquestas.

—Eso non será −volvió a dezir Amadís−, que amas están baxo mi protección e cuidado.

Los dos caballeros baxaron las lanzas e embistieron contra él. El primero le atravesó el escudo con la lanza, mas no lo firió. Amadís le atravesó el yelmo e lo arrojó del caballo. El segundo erró el golpe, e el rey lo firió en el hombro con la espada. Luego volvió al trote, tomó la lanza, limpió la espada e la guardó en la vaina, e les dixo a las doncellas que tomaran los caballos e subieran a ellos.

Bella Swan quedó maravillada por la gran fuerza e apostura de Amadís, e subió al caballo sin dubdar. Doctora Susan Calvin non quiso subir, mas Bella Swan le dixo que era la única manera de encontrar un camino a casa.

—No estoy segura de que sea así −respondió−, pero supongo que es mejor evitarme otro encuentro con algún otro interesado en asuntos ajenos. El problema es que no sé andar a caballo.

—No te preocupes −dixo su compañera−, súbete al mío, vamos juntas.

Tengo más plumas que una vedette


Dexaron el otro caballo e ansí fueron por el camino. Andando, fallaron otro caballero, maltrecho, sentado junto a un árbol. Una dueña le curaba las heridas.

—Señor amigo −dixo la dueña al ver pasar a las doncellas−, ¿por qué no tomáis uno de esos caballos?

El caballero herido se levantó e se dirigió a ellas:

—Señoras, dadme ese caballo, que me es menester llegar pronto al castillo del conde Olguín.

—Lo siento, pero no podemos −dixo Bella Swan.

—Dádmelo −insistió el caballero−, o vos lo quitaré por la fuerza.

Doctora Susan Calvin se llevó la mano al rostro y suspiró.

—A este paso no vamos a llegar nunca −dixo.

El caballero avanzó fasta ellas, pero Amadís ya arremetía contra él e lo derribaba de un golpe. La dueña corrió hacia ellos dando grandes voces; Amadís volvióse e díxole:

—Non está muerto; curadle las heridas e que no vuelva a importunar más.

E siguieron su camino. Pronto aparecieron otros caballeros dispuestos a tomar a las doncellas para sí. Doctora Susan Calvin era muy quexosa:

—¿¡Pero es que todos son igual de metidos en este país!?

—¿De qué hablas? −le dezía su compañera−. ¡Están peleando por nosotras!



Imágenes extraídas de 

9 comentarios:

  1. No te abstengas de meter tu estilo, no te resistas a darle tu toque.
    Me gustó eso de incluir a un personaje de Crepusculo, en una historia mejor.
    Y un hallazgo incluir a Susan Calvin, un aplauso por eso. No es un personaje tan conocido, salvo por la película Yo, robot. Incluso con su personalidad no muy amable con los humanos.
    Si tenés la tentación de darle tu toque a un relato, sugiero a Dors Venabili. Me fascina esta humaniforme que Asimov imaginó.
    Un abrazo.

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    1. Me alegro de que te guste, aunque me temo que en este contexto me está resultando un poco difícil mantener las personalidades de las protagonistas. Dors es una excelente idea, de hecho, y hasta la consideré, pero me dio la sensación de que, si la hubiera incluido acá, la historia habría terminado mucho más rápido jajaja

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  2. Me has hecho reír y me has enseñado algunas cosas, ya que estamos. Las diferencias de la lengua española con el tiempo, el problema de las costumbres "caballerescas" y, en medio de eso, Bella Swan. A la primera arremetida con las lanzas, yo salía dando alaridos, qué dios griego ni qué dios griego. Y el pensamiento inocente de Amadís al llevárselas. Muy divertido este comienzo.
    Espero ver más.
    ¡Besos!

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    1. Me alegro de que te haya hecho reír. Soy muy fan de la literatura medieval, y las novelas de caballerías son bastante entretenidas, sin contar el estilo, que para esta época es bastante denso y repetitivo. Y la lengua es mucho más distinta, pero la simplifiqué bastante ;)

      Igual, Amadís es lo más Gary Stu que he visto en mi vida fuera de Saint Seiya :P

      ¡Besos para vos también!

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    2. Está bien, contrasta con las intenciones de las otras dos. Ay, y todavía no he publicado lo mío. Mejor me voy a seguir escribiendo.

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  3. Qué difícil lo que hiciste, no solo introducir el personaje (perdón pero con Crepúsculo aún no tengo el gusto). Me gustó si como manejás el idioma, y la historia de Amadís
    Abrazo!

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    1. Me alegro de que te haya gustado :D

      Ni te gastes con Crepúsculo XD

      ¡Saludos!

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  4. Estoy fascinada con el relato, con el toque de castellano antiguo y con bella swan en el medievo. Creo que compro totalmente y espero ver cómo sigue esta historia.
    ¡Un besín!

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    1. Me alegro mucho de que te guste, ya tengo el plan del segundo capítulo. Espero llegar al viernes con algo decente jejeje

      ¡Besos!

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